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domingo, 17 de junio de 2012

SEMANA 6. I CONCURSO LSD DE MICRORELATOS


Alge, Nama y Red




Buenas noches señoras y señores. Como en todo buen concurso, hemos llegado al final del camino. Han sido seis semanas intensas donde se ha demostrado que el placer por escribir una historia no tiene nada que ver con la  remuneración en metálico, y  así  las autoras y autores  nos han regalado generosamente el placer de leer sus historias en público cada miércoles.
Nuestros artistas han demostrado una imaginación desbordante al ser capaces de crear una historia a partir de una frase que les ha sido entregada cada semana. Frases tan distintas entre si que iban desde el agua que caía a calderadas en nuestra cabeza a entrenarse para estar muertos. De ver unos números tatuados en una muñeca a no ver nada a través de una ventana. O de arrastrar los pies a una frase copiada de la novela de charles Dickens “Historia de dos ciudades”.
Pero de todas han salido airosos y nos han contado su visión de la historia. Y lo han hecho tan bien, que como no me he cansado de repetir todas las semanas, el jurado ha tenido problemas para puntuar.
Quiero reiterar el modo en que se han llevado a cabo las puntuaciones, algo que ya contamos en la primera gala, pero que no esta de mas recordar. Todos los relatos se me han enviado a mí. Después de comprobar que estaba todo correcto, el día antes de la gala he copiado todos los relatos en una notecard sin el nombre del autor/a y se los he entregado al jurado, quien a su vez me los ha devuelto puntuados sin saber en ningún momento quien los había escrito.
Ahora vamos a proceder a la lectura de los relatos de hoy y al término de la misma daremos los ganadores de la semana, así como los tres primeros ganadores de todo el concurso. Y una mención especial a todos los escritores sea cual sea la posición final porque  a decir verdad, no importa si uno ha recibido mas puntos que otro, son todos iguales de ganadores porque han escrito los relatos con la misma ilusión.

                                                                                            Mar Shilova
                                                                                            Directora

 *****

Título: Mezclando tiempos
Autor: Cool Vella. Puntuación: 24.3

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Cuando él la sonreía, cuando la acariciaba tierno, cuando escuchaba palabras dulces que él dejaba resbalar en su oído, susurradas. Era el mejor de los tiempos cuando le despertaba su beso, cuando se fundían en un grito único que entregaba los cuerpos. Cuando volvía sombrío, con aquel brillo ebrio en los ojos, cuando el grito sustituía el susurro y el insulto a la palabra tierna, el cielo se hacía infierno y era el peor de los tiempos el que tocaba vivir.
Ella olvidaba lo malo y consolaba su vida con el mejor recuerdo.
Ese brillo loco en sus ojos. A tantos insultos siguió algún zarandeo y al final, el primer golpe. Sólo una cachetada que fue sin querer, porque se le fue la mano. Se le fue una segunda vez y luego otra y otra más. Ella dejó de contarlas. Él siempre volvía con lágrimas y algunas flores, con promesas de nunca más y con aquella mirada tierna que la hacía perdonar. Eran tiempos malos, eran buenos tiempos. Eran golpes, llantos, lágrimas, perdones y besos.
Ella perdonaba lo malo y consagraba su vida a aquel hombre fiero.
Los días, los tiempos mejores y peores van desfilando mezclados. Cada vez menos susurros, más brillos ebrios, más golpes, menos flores y ningún beso. Ella se ahoga en lágrimas y él ya no llora después. De aquel fundirse juntos nada más queda el abuso hecho sexo.
Hoy la vino a pegar otra vez. Sin querer se le fue la mano y clavó en su pecho el cuchillo con el que cocinaba para él.
Ya hizo la llamada, ahora habrá que contar. Será complicado explicar.
Mientras espera, no siente dolor, ni miedo. Suspiró aliviada.
¡Será el mejor de los tiempos!
*****

Título: Consuelo y sobriedad
Autor: Algezares Magic. Puntuación: 23.65

  Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la incertidumbre cubrió las mejillas de aquella mujer sumergida en el manto sublime de la desesperanza y la traición...... El sesgo que fundía su alma no podía sin más desaparecer en la monogamia a la que estaba aprisionada
Aquella gacela en cuyo salto esotérico atrapaba las miradas de los depredadores que
zarandeaban los vasos de Whisky de forma grosera y pululante absorbía los caminos de la ambigüedad y la desesperanza.
Una vez más, el niño que siempre quiso tener, rompió a llorar, en su mente se describía un mundo lleno de sospechas, de fantasmas y tinieblas que alimentaban la desazón que la destruía....
Aquella clara serenidad de la oscuridad en la noche, seducía sus ojos ensangrentados en ansias de venganza..... No podía continuar así y sin embargo una fuerza misteriosa la obligaba a seguir.
Fue cuando recordó las misteriosas palabras de aquella vieja en el pórtico de la catedral... "Que los dragones de gargantas incandescentes que cuidaron de nuestra idiosincrasia remuevan las telarañas de aquellos que osaron usurpar lugares que no les corresponden".
Finalmente pateó la silla y se sumergió en el baile cansino, monótono pero implacable que se llevaba su vida hacia un descanso merecido y eterno.
*****

Título: Puesta de sol
Autor: Cool Vella. Puntuación: 23.6

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Sentado en aquella mesa, sintiendo la brisa del mar en su rostro y observando el bello declinar del Sol en sus ahora tranquilas aguas, quiso dejarse llevar en un repaso nostálgico.
Encendió con parsimonia, en repetición de ritual tan aprendido que no precisaba atención, un cigarrillo más. Aspiro profundo y tranquilo hasta sentir ese regusto más imaginario que real. Se sintió relajado y, si no feliz, que es palabra mayor, al menos razonablemente tranquilo.
Tiempos buenos y otros malos. Sin duda ha habido de los dos. Mi caminar ya no es paseo y, tal vez, se acerca, como ese sol, a su punto final. Ésta es la reflexión que quiero plantear: ¿cuál fue de todos ellos el mejor, cuál el peor?
Mientras prosigo ese fumar que es también bella y útil excusa para dejarse llevar, voy revisando una vida que tuvo ya niñez, adolescencia, juventud y madurez. Voy desgranando imágenes, sonidos, sabores, olores y hasta muchos roces que fueron tacto. Recuerdo pasiones, amores, odios, risas y llantos. Es todo un desfile multicolor, variado y desordenado. Son muchos trozos, fragmentos mentirosos de una vida que es siempre continua. Es, mi repaso, una disección forzada de un todo que no es la suma de sus pedazos.
Todo llega a su fin. Apago en el humilde cenicero aquello que ya no puede ser fumado. Suspiro profundo, ya sin humo, pero también relajado. Es todo eso que he recordado, aquello que queda de una vida o después de ella, todo muy entrelazado. Todo eso que aún despierta el recuerdo y todo aquello que quedó olvidado. Todo era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos también. Todo porque fue.
En el horizonte el Sol dijo adiós.
*****

Título: Betlem campanas de Betlem que los angeles tocan...
Autor: Kiranha Magic. Puntuación: 23.55

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos.
Navidad.. Si no fuera por la tradición de sentar un pobre en la mesa, emigraría a algun país  lejano y agnóstico.
El del pasado año, comió de postres un trocito de turrón duro. Solo tenía tres dientes desalineados. Vivió en casa............. hasta Reyes. “Nunca tiro nada”, repetía. Le regalamos una licuadora, y se marchó a un albergue de Cáritas.
Quedamos las tres intendentes de sueños en un café del Passeig de Gràcia para repartirnos las compras,. Desayunados nueve croissants con café espeso y negro, comenzamos la batida.
Me tocó comprar el regalo de la sobrina más pija. Tenía 3 pistas. Boulevard Rosa, Corty y Calzedonia. En el Boulevard colgaba la gente de las lámparas. Fuí al Corty. Me riñó un comercial por llegar tres meses tarde.
Sigo por Portal de l’Angel. Seríamos ocho pies por metro cuadrado. Cuido de no pisar ninguno de los otros seis, y que estos no me dejen los míos planos. Estaba por ponerme casco y abrime paso a cabezazos. Me paro. He de ir hacía la izquierda. Aprovecho que vienen de frente un ciego y un cojo. El ciego me esquiva, el cojo llegó tarde.
Llegué a la cola. Trescientas dos personas. Sacan dos cajeras en ambulancia. Una por ataque de sudoración...............deshidratada, la otra con artrosis electromagnética en las manos. Pregunto a un segurata por las dependientas. Responde........... todas en el excusado, presas de un ataque de pánico.
Busqué la talla....... 36, 40,..............¿ y la 38?. La llevaba en mano una señora con michelines y años. Intento sobornarla. No se deja. Se la descuido por una 48. Pensé............ solo ve por un ojo miope, si no es para su nieta, será para su vecina.
Llegué a casa extenuada, y me dí un baño.
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Título: Dicotomia
Autor: Marc Gene. Puntuación: 23.3

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Era el mejor cuando bailaban en algún palacio precioso, ambos con trajes de ensueño y la mejor de las sonrisas en su cara. Era el peor cuando solo se hablaban en la mesa para darse las gracias al pasarse el pan. Era el mejor cuando se amaban en una isla de arenas blancas, salpicados los cuerpos por el mar, Era el peor cuando se acostaban en la misma cama, y se daban las buenas noches, uno en Tarifa y el otro en Irun, sin posible comunicación. Era el mejor cuando asistían a conciertos en los que disfrutaban como cuando eran más jóvenes. Era el peor cuando los días pasaban monótonos y grises, ella en el salón, él su despacho, sin broncas pero sin vida. Era el mejor cuando hablaban de proyectos futuros, de cosas por hacer. Era el peor cuando no había ningún proyecto en común desde hacía mucho tiempo ya.
Y sin embargo, ambos coincidían en el mismo mejor y peor tiempo. ¿Lo sabrían?
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Título: Estoy caliente
Autor: Natalia Ectonite. Puntuación: 23.2

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos,  tenía esa idea en mi mente cuando un repentino sonido me saco de golpe de mis pensamientos, entraste serio, todo un señor, abre me dijiste,
¿Qué  sientes? Preguntaste como sí me analizaras.
-Siento mi cuerpo arder, respondo tímidamente, mientras mi mente te responde de una manera mucho más completa, cada molécula de mi cuerpo está en llamas, me pongo húmeda,  mi piel se eriza al más mínimo contacto con la sabanas… inhiestos pechos le dan la bienvenida a tus heladas manos, que son para una refrescante lluvia de verano, mis muslos juguetean entre las sabanas, tan calientes como yo, mientras me ordenas quedarme quieta y abrir la boca, sin dulzura introduces un cuerpo entraño en esa pequeña cavidad, mi lengua juguetea libre caliente también, lo metes hasta el fondo, rápido y fuerte, mientras mi cuerpo continua perlándose,  mientras mi piel continua ardiendo, mis mejillas se sonrojan mi respiración se dificulta, y sigo ardiendo, me ordenas sacarme la blusa y voltearme, siento tu presencia tras de mí, tus manos en mi espalda, en mi pecho, me pides toser, me pides gemir.
Sientes mi corazón acelerado en tus manos,  me recuestas y me ves, caliente a más no poder, entrecerrar mis ojos, y perderme en mi calentura.
Y tú ordenas sin más, emergencia, la hay que bajar la fiebre, mientras que desconocidas enfermeras me conectan vías de liquido vital, para bajar mi calentura.
Ya recordé porque era el peor de los tiempos, suspiro resignada, supongo que estar caliente no siempre es bueno, ya me torceré una pierna la próxima semana, pienso mientras le veo irse.
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Título: El traje
Autor: Natalia Ectonite. Puntuación: 23.3

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos… la miraba pensativa mientras la acompañaba.
¿Él me ama, verdad?, preguntaba sonriente e ilusionada, mientras la mujer paciente le colocaba el magnífico traje blanco, toda una maravilla de diseño, la chica emocionada se dejaba acomodar dócilmente, la peinaron y sonría, entrecerró sus ojo, respiro profundo y en su mente bailo con él una vez vas.
-          ¿Sientes mi mano, como te toca suavemente para guiar ese movimiento? Preguntaba el hombre, si amor, respondía ilusionada, mientras suspiros contenidos emocionaban a aquellos que la ayudaban a vestirse para el gran día.
La música clásica inundaba la estancia, ella nerviosa se puso de pie, la corte se colocó a su lado, y la acompañaron en ese largo corredor que más de alguna vez hemos visto en las películas, ella avanzaba radiante, con su traje blanco prístino, un paso, luego otro, una pausa, paso, pausa, paso, pausa. Hasta que las puertas se abrieron con sordo estruendo, una claridad la cegó, aun así, confiada dio ese paso decisivo, la puerta se cerró tras ella, mientras que por la rendija las enfermeras la miraban con tristeza, con las manos atadas a la espalda por su traje danzaba una y mil veces.
¿Qué opinas hermanito, te gusta?- Ups, esa es mi propia alucinación.
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Título: Un padre y un hijo
Autor: Adaquin Mocha. Puntuación: 22.15

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. A esta conclusión llegaban padre e hijo, ambos pastores, en esa charla nocturna. La vida tiene de todo y todo debe ser aceptado con el mejor talante. Nada es eterno. En su familia la cría y cuidado de ganado había sido la ocupación diaria y eterna. El padre, a sabiendas de que su hijo estaba a las últimas de las noticias de la capital, y aprovechando la confianza que dan las vigilias veraniegas le preguntó a su hijo… ¿qué es un Homosexual?, el hijo le respondió que es una persona como ellos dos, sólo que tiene su mirada puesta en los hombre para las cosas del amor y de la familia, que suelen ser personas ordenadas y que a pesar de no poder procrear gustan de adoptar. El padre se quedó pensativo con la respuesta y preguntó… ¿qué era un Gay?, el hijo le respondió que al igual que los homosexuales, ellos también ponen su mirada en las personas de su mismo sexo para las cosas del corazón, sólo que son más promiscuos y no suelen pensar, de la misma manera que los homosexuales, en la familia y en la adopción, que tenían un simpar gusto para la decoración y el diseño y que solían ser personas, como los homosexuales, muy educadas. El padre se quedó también pensativo con las respuesta, como si la mascullara. Por último, sin dejar de mirar las estrellas, preguntó a su hijo… ¿y una maricona? El hijo se incorporó y le respondió.
- Una maricona es uno que quiere que el Betis baje a segunda división.                     
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Título: En la calle llovía
Autor: Kiranha Magic. Puntuación: 21.8

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos.
Desde la ventana contemplaba el mundo. Una alba fría y gris me alumbraba. Nada se agitaba en mi alma, fuera de una sensibilidad sin amor, cruel y fría. Mi niñez estaba muerta, o quizás perdida. Estaba derivando a estas alturas de mi vida, como la cáscara estéril de la Luna que se iba.
¿Venía mi palidez de aquel hastío, de trepar por cielos subjetivos observando el mundo desde mis ojos, errantes y solitarios?
Me humillé entre las sombras de mis pensamientos, abatiéndome ante el respeto hacia la divinidad que había creado todas las cosas y todos los hombres. ¿Como me llegó aquel pensamiento?
Doblegada y rendida en mis propias tinieblas, rogué en silencio a aquel angel perdido, que en la infancia me guardaba de todos los infortunios. Pedí que apartara con su espada, el demonio que susurraba en mis oídos.
Abrí la ventana. Un viento cortante entró por ella. Me vestí y salí a la calle. Llovía. Caminé por calles sucias, tristes y solitarias, subiendo hasta la torre más alta de aquella ciudad lúgubre y sombría.
Desde allí ví mi inutil aislamiento. Nunca me aproximé a ninguna de esas vidas que llenaban casas vacías, ni supe hechar un puente sobre el abismo de rencor y de vergüenza que de ellas me separaba.
¡¡ Cuán necio había sido mi intento !!. Había tratado de construir un dique de orden y elegancia, contra la sórdida marea de la vida que me rodeaba y contener así mi marejada interior por medio de reglas de conducta ajenas al lugar donde vivía.
Todo inútil. Mi mar de sentimientos, saltó por encima de mis frágiles barreras
Solo me quedaba saltar a ese pozo negro que es el olvido. Así lo hice, ...................mientras llovía.
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Título: Mi secreto
Autor: Natalia Ectonite. Puntuación: 21.5

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, dependía  como siempre desde el punto de vista que se mirara.
Mi vida era estupenda vista desde afuera,  buen trabajo, reconocimiento profesional, dinero, no podía ser mejor, pero entonces a qué se debía esa sensación de vacío interior, esa que solo tu presencia superior puede llenar.
Tengo un secreto, es inevitable él lo supo apenas me vio,
-¿eres sumisa? Me pregunto serio, sabía que había mucho más en esa pregunta que en todo lo que habíamos hablado, y ahí estaba frente a su poderosa mirada preguntándome de que hablaba, cabe destacar que hasta esa fecha no tenía idea de que era una sumisa, esas ideas eran tabo dentro de un hogar religiosamente instaurado.
Poco a poco fuiste guiándome por este mundo, me diste a leer libros, me hablaste de esto sin ninguna emoción, pero mi corazón se rendía a ti, sin darme cuenta comencé a seguirte, a necesitarte a estar perdida sin ti.
Eras mi Amo, sabía que eso no era así, lo que decía la literatura y sin embargo me sentía tan tuya y a la vez tan de nadie.
Muchos meses han pasados entre de premios y castigos, ahora miro con devoción a mi Amo, es el mejor de los tiempos, llevo sus marcas y tu collar. Soy una mujer con un secreto, soy sumisa, soy suya y no pretendo nada más. Pero cuando debo ponerme de pie, bueno, nadie dijo que fuera fácil, pero sin duda lo vale.
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sábado, 16 de junio de 2012

SEMANA 5. I CONCURSO LSD DE MICRORELATOS





 Quinta semana de concurso al rojo vivo. La frase de la semana 5 era: Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos. 
A continuación el discurso de presentacion y los relatos que concursaban:
Muy buenas noches señoras y señores...
Desde muy pequeña he tenido pasión por la Literatura. Mi abuela me solía contar cuentos de su tierra, Melilla, casi siempre de miedo. Yo le cogía la mano y le pedía -Yaya, ¿me cuentas un cuento? Y ella empezaba con la frase mágica… Erase una vez…
Nosotros hemos tenido otra frase mágica para empezar los relatos esta semana, la número 5 desde que empezó el concurso de relatos de Diotima. Nuestra frase era “Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos”. Era todo un reto para nuestros escritores que sin embargo han vuelto a hacerlo. Han vuelto a conseguir darnos cada uno una visión distinta y a cual mejor.
Se que soy muy reiterativa cuando os digo que el jurado lo pasa mal para puntuar los cuentos pero es que es la verdad. Aquí tenéis el comentario de uno de ellos al pasarme las puntuaciones:
"Mar no sirvo para jurado. Sufro mucho repartiendo puntos (décimas mas bien) porque el nivel sigue siendo muy alto."
***
Por ser la ultima semana del concurso de relatos Diotima, la frase de la semana seis tiene  que estar a la altura de nuestro certamen. Se la he pedido prestada a un grandísimo escritor de la era victoriana, que estoy segura todos/as conocéis… Charles Dickens. De la novela “Historia de dos ciudades”.
La frase es:
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos"
Y nada mas, esperamos vuestro relatos.  Suerte a todo.
                                                                                                 Mar Shilova
                                                                                                 Directora

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Sin más dilación, vamos a presentar los relatos de esta semana, como siempre el primero el ganador.





Título:Un guiño a dadá
Autor: Cool Vella. Puntuación: 24.9

Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos. Ya suenan los acerados cascos de los corceles. Y una Reina gorda da de beber a mil truhanes enseñándoles con descaro su profundo, fláccido y viejo escote. En él más de diez legiones bebieron. Destruye con su descarada risa todos los miedos. En una esquina, sola y desamparada, la niña que aún no es doncella, llora hecha ganas y desamparo. En un rincón miro abatido.
Mil muertos que no se dejan morir. Un recién nacido que no quiere nacer y llora. Dos nalgadas bien dadas y un primer llanto. Una madre que no sabe qué mirar. Una matrona que no sabe qué mostrar. En una esquina, acorralado por una voraz suegra, el padre se pierde. En un rincón miro sorprendido.
El roncar sombrío del moribundo que se deja morir en manos de la más experta de las rameras. Esa risa fácil que dejé caer o la lágrima que me ahogó en un vaso de agua que sólo dejaba un sorbo. Muchos deseos frustrados como lo es una noche de hastío o una velada de velar al muerto entre los ciegos que no aprendieron a hablar. Un sarcasmo que nada más me dije yo, sin rival, sin víctima, sin nadie más para reír. En un rincón escucho sin oír.
Ya me dejo morir. Ya mato el consuelo y, de paso, también te mato a ti. Me dejo morir lento. Te mato de cansancio, de ese que es aburrido, que no quiere decir nada, ni lo sabe ni quiere saber. Morimos vencidos, uno y otra, por los pies. En un rincón la Reina cortesana, la madre, el padre, la suegra, el niño, la noche, mil muertos, tú y yo… nos dejamos morir de risa, sentados, por los pies cansados.

*****

 
Título: Mío
Autor: Natalia Ectonite. Puntuación: 23.6

Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos, resistió lo mas que pudo, mi acoso, mi casería, mi deseo, apenas lo vi lo quise, supe que sería mío, deseaba poseerlo, domarlo, cabalgarlo, enseñarle quien mandaba.
Fue amor a primera vista, sus cabellos dorados, salvajes esas piernas bestiales, como nunca antes, quise poseerlo, sería la primera vez que fuera tan directamente sobre uno de su especie.
Intente muchos medios, hablarle, largas y tendidas horas, pero el muy desgraciado me rechazaba, luego intente llevarle regalos, pero se los comía con gula y se reía de mi.
Finalmente no resistí más, la fusta tiritaba en mi mano, toda yo tiritaba, le sorprendió mi presencia en esas imponentes botas de cuero, esa pequeña varita en mi mano,  me miro como si fuera una broma. Pero no bromeo con lo que quiero.
Rápidamente lo monte, fue brutal, saltos, gritos, casi me vence, pero no… ningún caballo por muy pura sangre que sea se me resistirá y aquí estoy ahora a paso lento y seguro, con un bello trote, triunfante, en Mío.

*****

Título: Punto final
Autor: Cool Vella. Puntuación: 23.5

Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos.
Una detrás de otra, no todas juntas, en grupos de diversa longitud o multitud. Así caminan en negro sobre blanco. Hechas una hilera. Unidas de la mano. Avanzan lentas proclamando el costoso esfuerzo que es ser, casi se arrastran.
“Estoy cansado, muy cansado y muy triste. No soy feliz. Ni creo que esto vaya a mejorar. No hay segundas vidas. No hay regalos. No hay nuevas oportunidades. No hay nada mañana que sea diferente de lo que hubo ayer. No habrá nada. Nunca jamás. En lo más profundo de mí lo sé. El no quererlo reconocer es una cuidada mezcla de miedo y esa última desesperación que es el no querer saber.”
Así se dibuja su caminar.
Atrás, muy atrás quedó esa primera rima de métrica ortodoxa y cuidada que dejé resbalar sobre el papel. Recuerdo casi perdido en una adolescencia que quería decir adiós a la infancia y era despertar a una juventud llena de ilusión. Verso infantil.
Atrás quedaron pasiones, fuego, deseo.
Eran tiempos de musa y fuerza. También surgían una detrás de otra, pero eran torbellino, eran borbotón, vida. Pujaban unas contra otras por plasmarse la primera en ese blanco, casi sin tiempo para la reflexión. Su caminar era galope. Sus pasos sabían a ese grito alegre de la victoria.
Ahora, desprovisto de la última esperanza, las dejo salir de mis manos o las fuerzo a ello por un hábito que hizo de la costumbre necesidad. El ruido de mis palabras sobre el papel ya no es canto, tan solo un arrastrar de pies vencidos. Es una lenta procesión que se exprime dolorosa.
Pero aún vencidas y lentas, aún tristes y desesperadas, desilusionadas y amargas, impotentes, he de dejarlas caminar hasta ese momento del punto final.


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Título: El examen final
Autor: Marc Gene. Puntuación: 23.4

Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos: vienen a por mí. Sigo con la vista fija en el examen, bajo ningún concepto conviene levantarla ahora. Hay que comportarse como si nada ocurriera. Normalidad. Procuro que no me tiemblen las rodillas bajo las cuales sostengo el folio repleto de metáforas inteligentes, hipérboles audaces, y aliteraciones convincentes que necesito para aprobar. ¡Mierda!, se acerca el profesor con ese paso cansado de desgastar las baldosas del suelo, arriba y abajo en cada explicación. Veo sus zapatos a mi lado. Se detiene un minuto que se me hace interminable: el bolígrafo apoyado en el papel pero quieto; todos mis músculos tensos, sin moverme casi ni siquiera para respirar. Uf, se ha girado y vuelve a su mesa. No se atreve a mirar entre mis muslos, es pudoroso con las chicas adolescentes. Se levanta de nuevo. Miro de reojo su andar cansado. Se dirige hacia mí, se acerca con gesto difícil. Me ha pillado, estoy segura. Una gota de sudor recorre mi espalda despacito. La siento bajar por la espina dorsal, mojándome la piel lentamente y haciendo que la camiseta se me pegue al cuerpo. Esa gota representa el miedo que siento ante el descubrimiento de mi engaño. Ese miedo que  recorre despacio pero intenso mi cuerpo. Un miedo tibio y pegajoso, como mi propio sudor. Llega a mi lado, siento su mirada sobre mí. Levanta un dedo acusador y se acerca. Todo ha acabado,  no puedo aparentar que no pasa nada, todos los signos me delatan como culpable: mi corazón late desbocado, el rubor en mis mejillas, el sudor frío que recorre mi piel. Tengo ganas de ponerme en pie, de gritar que sí, que soy una copiona, una tramposa cuando... Nos quedamos sin final. El examen es de 300 palabras.


*****


Título: El crujido

Autor: Kar Gabilondo. Puntuación: 23.1

Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos, cada vez más cerca. Cuando llegan al borde de mi cama, se detienen. Es mi abuela. La tengo aún presente, en camisón blanco y largo, el pelo suelto y despeinado, sin su característico moño. Así se acercaba mi abuela las noches de la semana de fiestas que solía pasar en su casa: daba manotazos sobre mis piernas y muslos para saber si su nieta había llegado o no. Al menos  no me daba con aquel palo con el que le daba al colchón de lana al que trataba como si fuera Lucifer en persona cada mañana, y en el que yo me hundía como si me tumbara en una nube de algodón cada noche

Aquella semana en casa de mi abuela era especial. Yo era una adolescente encantada de perder de vista a mis padres que eran muy estrictos con los horarios. Ella solo me decía que no volviera tarde. Yo regresaba casi de día, lejos de las horas en punto, puesto que de lo contrario, las campanadas de la iglesia me delatarían.

Recorría  con cuidado aquella vieja casa donde no había una sola madera que no crujiese. Pisaba suavemente con el pie derecho, ñiccccc, y mantenía el izquierdo en el aire unos momentos. Silencio. Apoyaba entonces el pie izquierdo, ñeccccc y mantenía el  derecho levantado. Así estaba cuando oí... !!!Ay Faustino!!! No estaba la situación como para reírme de la mención a  mi abuelo-en paz descanse- y que ella me pillara llegando con ese brillo que los nuevos descubrimientos dejan  en la mirada. Me quedé un buen rato a la pata coja  y con los  los brazos en cruz, extendidos para mantener el equilibrio, hasta oír un leve ronquido que, aún hoy, añoro cada día.  


*****


Título: Jack

Autor: Natalia Ectonite. Puntuación: 22


Ya se oyen esos pasos lentos de pies vencidos. Sus pasos marcaban el paso, de una vida larga, una vida plena, una vida bien vivida, por mucho tiempo sus enemigos no habían podido darle captura, todo  Londres lo busco y nadie jamás puso con la velocidad de sus pasos y la inteligencia de su mente, esa lucidez que tanto enorgullecía… pero ahora, era el verdugo final quien le daba alcance, no podría escapar del juicio del tiempo, y mientras intentaba avanzar más rápido, ya escuchaba las voces de esas asquerosas rameras acercándose, Jack…  ya es hora y esas risas estridentes que le reventaban los tímpanos.
Jack, Jack era como el tic tac de su corazón deteniéndose, pero antes de partir, antes de seguir ese camino, un último placer, se abrió a si mismo, su ultima víctima, la mejor, una sonrisa dolida y el fin.


*****


sábado, 2 de junio de 2012

SEMANA 3. I CONCURSO LSD DE MICRORELATOS



Tercera semana del concurso. Red Bikcin presentó la gala así:
  Hola: Bienvenidos a esta nueva sesión de Lectura de Minicuentos Diotima, la tercera desde que instauramos este concurso.
     Debo  decir, antes que nada, que hemos cubiertos todas las expectativas. Éramos conscientes de que en SL es difícil convocar con éxito certámenes como este, y sin embargo, la realidad es que nuestro concurso de Minicuentos ha tenido una aceptación extraordinaria.
    Con los de hoy, completaremos la cifra de 20 microrrelatos presentados, una cantidad realmente importante. Y a falta de una semana para terminar el certamen, damos por seguro que alcanzaremos la treintena al final.
    Acordamos que los doce con mayor puntuación serían publicados en un libro, pero Diotima Editorial, en vista del mérito de los relatos, se está planteando aumentar esta cifra, ya que las puntuaciones  que otorga el jurado cada semana oscilan muy poco, y muchas veces queda un cuento por encima de otros solo por escasísimas décimas de diferencia.
     De todas formas, en la última semana daremos cuenta de estas posibles modificaciones de las Bases acordadas en su día.
     Y sin más preámbulos iniciamos la lectura de los 7 cuentos presentados esta semana.
*****
Estos fueron los originales en competición y su puntuación.
                                                                                             Mar Shilova


Título: Código… ¿Alzheimer?

Autor: Cool Vela. Puntuación 24.8

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Eran ocho números y una letra coronados por el habitual código de barras que hace la secuencia más legible, más universal. Todo ello en un discreto negro medio, tamaño nada desproporcionado ni ostentoso, todo pulcro, sencillo, elegante. Podría decirse que muy cuidado en lo estético.
Arrebatado de mi natural cavilar, observo con más detalle al portador de aquel original ornamento. Es mujer. Su atuendo cuidado, sus ademanes pausados, sus formas y gestos distinguidos. Una dama de edad. Su mirada parece acariciar los objetos y personas que la rodean, sin dejarse atrapar por ellos, mientras ella, sin duda, rememora aquellos momentos ya vividos.
Fantaseo con la idea de iniciar una conversación, de dejarme conocer y conocerla a ella. Imagino unas primeras palabras, un saludo cortés, algo delicado y prudente. Ardo en deseos de saber, de conocer aquello que vio, sus experiencias, sus alegrías, tristezas, deseos, miedos y valentías. También, por qué no decirlo, excita mi curiosidad saber el motivo de aquel ornamento discreto que exhibe en su antebrazo, ligeramente por encima de su muñeca izquierda.
Las dos jóvenes uniformadas se acercan a la señora. La saludan con cortesía y una cariñosa sonrisa. Veo como la que parece más experimentada muestra a su joven compañera una pistola lectora que pasa sobre el elegante tatuaje.
-Buenos días, Doña Ana. Tenga, tráguelas despacito y tome un sorbito después. Ves que fácil Miriam. Es una idea genial, ¿verdad?
-Ahora atendemos a su marido, no se preocupe mujer, enseguida Don Manuel.
Ella las mira con ese aturdimiento que da el no saber que buscar. La dejan y se dirigen a mí.
-Buenos días, Don Manuel.
La más joven me pasa la pistola. Me tomo las píldoras. Doy un sorbito. Sigo con mi cavilar…

*****

Título: La profesional

Autor: Algezares Magic Puntuación 23,6

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel a los que no quitaba ojo hasta que conseguí  memorizarlos mientras sentía su torpe magreo. Aquel trabajo requería mi lado más oscuro e irreverente porque aquel ser humano, baboso e irrefrenable, conseguía que mi profesionalidad se viera gravemente afectada.
Haciendo de tripas corazón me subí a aquella montaña sebosa. Se le dibujó un rictus de felicidad provocando que mi estómago protestara y es que estaba más que convencido de que aquello no me convenía.
Allí arriba, mientras le sujetaba la muñeca de los números que tan enloquecidamente busqué durante meses, podía echar un vistazo a la habitación. Buscaba algo muy concreto que me diera la pista definitiva. El movimiento rítmico al que me tenía sometida y la repugnancia que me daba no hacía más que obligarme a centrar mi atención en los detalles de la estancia.
Aquel azote en medio del fragor hizo que lo viera. Era un mueble empotrado en la pared con adornos de marquetería, en uno de los lados en la parte de abajo había un espacio sin llave donde bien podría estar lo que buscaba.
Le sonreí y besándole en la punta de su nariz abierta por el esfuerzo, le rodeé con mis brazos y mientras notaba cómo mi pezón entraba en su boca, hice girar aquel cuello sudoroso con la experta habilidad de una profesional hasta oír el chasquido. Quieta, noté cómo mi interior se libraba de aquel ser repugnante. Me levanté hacia el mueble.
Metí la mano por un entrante que había en la parte derecha y noté la protuberancia, la oprimí y tras un ligero chasquido la puerta se abrió. Allí estaba tal y como lo imaginé, tecleé los números...
Aquel sería el último golpe, el definitivo.
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Título: La Shoah

Autor: Marc Gene. Puntuación 23

 Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel:3215296470 y los reconozco uno a uno.
3 días de viaje en un vagón de ganado, hacinados, sin agua, sin comida, sin espacio para sentarse, apoyados unos cuerpos sobre otros, todos de pie, entre orines, sudor y excrementos... y sobre todo con miedo.
2 violaciones al día por tener la desgracia de haberle gustado a aquel soldado nazi cuando bajó del tren. O quizás la suerte, pues probablemente es por ese motivo que sigue viva.
1 vida en la que ni un solo día ha dejado de recordar aquel horror, aunque haya rezado para poder olvidarlo.
5 muertos a quienes llorar sin cadáver: su marido, sus padres y sus dos hermanos no volvieron de las duchas. Aniquilados con el Zyklon B, y hechos cenizas en los hornos de la II fase.
2 toneladas de pelo rasurado a las víctimas.
9 toneladas de zapatos sin dueño.
6 millones de judíos exterminados en la más perfecta empresa de  muerte jamás creada.
4 amigos que se reúnen cada 27 de enero y nunca hablan de lo que les une.
7 décadas de silencio.
0 tolerancia. Tolerancia cero. Tolerancia cero. Tolerancia cero.
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Título: Rito de paso

Autor: Manuel Kowlasky. Puntuación 22

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel . Y percibo como van  cayendo las horas, los minutos y los segundos, como la lluvia en otoño, despacio y oscura. Como las lágrimas de las despedidas, que inundan lo ojos abiertos, fijos en la partida. Y van cayendo lentamente, como las hojas que se abandonan en un viaje sin retorno, como el último fuego de la llama, como el último resplandor del día. inundándolo todo, deteniendo el  tiempo en una pausa infinita.
Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel . Y el tiempo pasa sin mas esperanza que su propio transcurrir, sin otra ilusión que su marcha. Sin mas anhelo que sobrevivir a su propia quietud. Se suman  las horas, los minutos y lo segundos  y dibujan la soledad, construyendo la nada.
Veo  junto a su reloj unos números grabados en su piel. Y poco a poco la vida se acompasa su propia cadencia, fría y monótona, apagando el sentimiento, secando la ilusión, renunciando  a vivir y a complicarse la vida.  Hay tantas cosas por hacer, por decir, por sentir...  Pero no hace nada, no dice nada. Y siente que la vida se le escapa. Pero no hace nada y no dice nada.
Veo  junto a su reloj unos números grabados en su piel. Y siguen  cayendo las horas, los minutos y los segundos. Y lentamente su vida se marchita. Y después... se apaga.
En memoria.
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Título: El encuentro

Autor: Natalia Eclonite. Puntuación 22

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel, la espera en ella se nota, la observo desde la vereda de enfrente mientras apuro mi café,  observador simplemente de una espera que se hace carne, la veo acomodar su cabello, chequear ese reloj mas de una vez, y esos números junto a su mano que no hacen mas que avivar  mi curiosidad, mi morbo, ese bichito que me impide dejar de observar. Simulo leer el diario, la veo revolver en su bolso, una y otra vez, de las inmensas y secretas profundidades de ese adminículo de cuero, salen labiales, espejos y un segundo reloj. Me sonrió ante esa impaciencia, esa necesidad de controlar el tiempo.
Sonrió ante la espera, los cambios es su humor, una sonrisa, un puchero, un berrinche y un suspiro. No lo resisto mas, no dejo continuar esa angustia y me acercó
-    4532? Pregunto sonriendo.
-    Sí- Me mira sonriente, dulce y nerviosa, noto que ha notado mi presencia no sabe que hace mas de 20 minutos la observo, doy un paso al frente y le ofrezco mis brazos,
-    6842- exclama y me abraza. Son extrañas las citas a ciegas, pero como no conocer a ese otro ser, que usa números en vez de nombre al igual que yo, podría haber pensado en alguna relación matemática entre sus cifras y las mías, pero no era necesario, me bastaba con que cumpliera lo que prometió, que llevará  sus números junto a los míos gravados en su piel.
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Título: Tripalium

Autor: Kar Gabilondo. Puntuación 21.9

 Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel: 482348904789.  A pesar de la piel arrugada que dificulta su lectura, aún siguen allí, tatuados para siempre, testigos de todos aquellos momentos vividos.
 El anciano sonríe cuando se da cuenta de que mis ojos han visto los dígitos de su muñeca. Se siente afortunado de ser un superviviente, de ser uno de los pocos que aún puede contarlo. Sin embargo no habla de ello con cualquiera; sabe que es un tema que duele a demasiadas personas en la actualidad.
  Observo  al anciano con admiración: deben de quedar muy pocos como él, quizás es el último de los que vivieron aquellos días anteriores a la crisis del año 2008, cuando aún trabajaban.  Él es un afortunado que conoció el trabajo, y al igual que los pocos que tuvieron esa suerte, se había tatuado el número de la Seguridad Social en la piel, y desde entonces lo enseña con secreto orgullo siempre que puede.
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Título: El dilema

Autor: Josie Athens. Puntuación 20

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel dócil y tersa. Su cuerpo desnudo transpira sensualidad, deseo y excitación. Sus pechos, aunque relativamente pequeños, son redondos y se muestran erectos para mi. Sus pezones son una invitación a ser lamidos, poseídos. Su bella cara, cual muñeca de porcelana amerita ser admirada. Unos ojos verdes y profundos que contrastan con el color de su piel bronceada. Unas cejas finas y unas pestañas relativamente largas y curveadas le dan el complemento perfecto. Dedico un tiempo especial a su boca. Una sonrisa simple, con labios carnosos de un color carmesí desafiante, húmedos y bien delineados. No pongo mucho detalle en el resto de su cuerpo. Estoy acostumbrada a la calidad de la agencia en sus productos y este parece sobrepasar mis exigentes expectativas.
"¿Cómo te llamas cielo?" - le pregunto con voz firme.
"Mi Señora, por el momento soy sólo un número de serie, soy su nueva perrita y puede usar ese número si le place, o bien escoger uno apropiado a su gusto" - me contesta tiernamente.
Su voz me produce escalofríos. Me excita su sumisión, su entrega. Al mirarla, deseo besarla y no me decido por donde comenzar. Hago una pausa y medito. Nunca antes he tenido problemas con mis esclavas, pero ésta, me los podría dar. Mi deseo me debilita y se que debo superarlo. Por otra parte, me pregunto si no requeriré mas bien de una pareja, de una amante. Esclavas tengo varias y las uso de diversas maneras. Pero, ¿qué haré con ella?
"eso no fue lo que te pregunté" - continúo.
"soy la esclava número de serie 095 mi Señora" - responde sorprendida.
Su voz, sus movimientos, su aroma, toda ella me afecta más de lo debido ¿Qué haré con ella?
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martes, 22 de mayo de 2012

SEMANA 2. CONCURSO LSD MICRORELATOS.





En la segunda semana del concurso la calidad de los relatos presentados sigue siendo tan buena, que el jurado tiene dificultades para puntuar los relatos.
      La frase por la que debían empezar los relatos era:
Se entrenaban para estar muertos.

A continuación transcribo los originales presentados
.-
Mar Shilova

Autor: Cool Vela. Puntuación 22.4
Título: Dejarse morir juntos
Se entrenaban para estar muertos. Después de entregarse caricias, después de ahogarse en besos, después de aquello que de la más natural forma siempre viene después: de arrullarse entre gemidos, de sofocarse en jadeos, de buscar el alma más allá de unos cuerpos que casi parecen estorbar, de fundirse en un grito, de clavarse en un amor desbocado. Después de todo aquello, bañados en sudor, se entrenaban para estar muertos, uno al lado del otro, sosegados, tranquilos, tumbados, juntos, muy juntos.
Entrelazaban sus manos para sentir próximo el latido del otro. Miraban al infinito o cerraban los ojos, siempre callados. Infinito es plenitud y oscuridad es nada, pero uno y otro, por intangibles o inalcanzables se nos suelen antojar negación. Querían frenar su pulso y sentir lo que se siente cuando se dice adiós a la vez. Querían sentirse dar un latido último escuchando el último del otro. Querían morir de amor enamorados.
Lo hacían sobre la hierba. Lo hicieron sobre la arena. También entrenaron ese latido a la orilla de ríos, en muchos suelos, en algún sofá y en muchas camas. Entrenaron mil veces esa muerte dulce y unísona que, si hay otra vida, nos deja empezarla juntos, de la mano. Repitieron, no mil, pero sí muchas veces ese ritual amoroso que hacía más grande y puro, si cabe, su amor.
Pasó una eternidad que es esa unidad ambigua de medida temporal que puede durar un instante o una considerable cantidad de años, pero que quiere marcar diferencia sustancial entre antes y después. Ya no entrenan. Juntos leen cosas diferentes o miran callados cualquier cosa. No entrenan porque se sienten muertos, salvo cuando, por cualquier absurdo motivo, vuelven a entrelazar sus manos, sienten una vez más sus latidos, cierran los ojos y se dejan morir enamorados.
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Autor: Marc Gene         Puntuación 22.1
Título:  La piedra de la suerte

Se entrenaban para estar muertos con un  fusil Cetme  entre las manos desde que aprendían la tabla del nueve. Ismael saltaba a la rayuela utilizando casquillos de bala en vez de piedras, y su hermano Andrés, dos años mayor, jugaba al fútbol mientras los proyectiles tintineaban dentro de los bolsillos de su pantalón caqui. Hacía más ruido que los otros10 jugadores porque además de las balas, llevaba una piedra de cuarzo, suave y fría al tacto, que apretaba fuertemente en su  mano izquierda cuando sentía miedo. Era su piedra de la suerte. Siempre le había sacado de todas las situaciones difíciles, de las que muchos compañeros no volvieron.
Aquel día decidieron que Ismael estaba preparado, no tanto porque fuera verdad sino porque las bajas habían mermado el batallón de su hermano mayor. Este sabía que sería un día duro para Ismael, el primero que ya no era un entrenamiento, y cuando miró hacia atrás sonrío a su hermano que como él se arrastraba por el campo, cuerpo a tierra hacia el enemigo. Vio la cara de Ismael descompuesta, el gesto de terror imposible de disimular, y se incorporó para lanzarle la piedra de la suerte. El sol reflejado en el cuarzo atrajo el fusil enemigo que abatió a Andrés. Su hermano pequeño recorrió los metros que les separaban, con un grito mudo en el rostro. Cayó abrazado al cuerpo de Andrés, llorando, y el grito mudo dio paso al sonido más desesperado que jamás saliera de la garganta de un niño. Ismael, con el puño cerrado alrededor de la piedra de la suerte, supo que nunca más lloraría.
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Autor: Agezares Magic. Puntuación 21.6
Título: El último vuelo  
Se entrenaban para estar muertos y sin embargo ahí estaba, volando libre, surcando el cálido aire de verano que tanto me gustaba cuando lo vi... Era un paisaje extraño, de formas rectas y angostos precipicios que me fascinó. Me posé suavemente en una de sus pequeñas llanuras y empecé a explorar... Nunca había visto nada igual, tenía curiosas inscripciones en cada una de ellas que no entendía. Estaba caliente y vibraba imperceptiblemente… me extasiaba aquello. Me acerqué cuidadosamente a uno de los cortes, me asomé y vi que en el fondo había una rica y vasta zona llena de posibilidades para el abastecimiento de la base. Ahora sí estaba seguro que había que informar urgentemente de mi hallazgo. Salté a una llanura algo mayor para iniciar el despegue cuando sentí una sombra que me abarcaba... Oh mier...!
Ya están aquí los mosquitos de nuevo... comentó indignada ella limpiando su teclado.
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Autor: Kar Gabilondo. Puntuación 20.3
Título: Reflejos de vida

Se entrenaban para estar muertos preparando el escenario con un cuidado exquisito: las baldosas blancas cubiertas de pétalo de rosas rojas, el mejor vino, el agua a la temperatura ideal, y su canción.
Ella  lo desnuda sin prisa, besando y acariciando su cuerpo hasta que ambos se meten en la bañera. Lentamente se aman dejándose llevar por sus besos, por  la tibieza del agua y la calidez que el vino les había proporcionado.
Próximo ya el orgasmo, el bisturí brilla múltiple en el reflejo de los espejos, espectadores mudos de su arriesgado ensayo. La  delicada piel se rasga sin presión, y la sangre brota despacio, densa y oscura, tiñendo poco a poco el agua de la bañera y los cuerpos de los dos amantes que siguen amándose.
 Entonces, ella detiene ambas hemorragias con experiencia, y cubre con su cuerpo el de  su amado.  No es necesario ir más allá: abrazados, rendidos., exhaustos y felices, ambos han muerto de entrega, han muerto de amor.

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Autor: natalia ectonite  Puntuación 20.3
Título:   Entrenados para morir
Se entrenaban para estar muertos, día  a día invertían su tiempo en aulas llenas de conocimientos y vacías de afectos, día a día construyendo un futuro, entrenando sus mentes, para rendir en hipotético trabajo que les quitaría lo que quedaba de vida, autómatas consagrados a un reloj,  a un horario a una causa inexistente.
Uno a uno, con cartón en mano desfilaban semi autómatas semi humanos rumbo a una vida, ya entrenados, ya engrasados, ya muertos.
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Autor: Josie Athens    Puntuación 20
Título:   La despedida
Se entrenaban para estar muertos desde el día en que el médico les comunicó la trágica noticia. Ahora Gerardo estaba postrado en la cama del hospital, inconsciente, pero quizá escuchando aún. En un par de horas, desconectarían los equipos y solo administrarían algo para el dolor.
Pepe, se acercó a la cama.  Era su turno de despedirse. Los familiares ya lo habían hecho. El, como amigo, solo dispondría de algunos minutos de privacidad. Tragando saliva y con profundo dolor le tomó la mano y le dijo:
"Hasta luego hermano. Gracias por haberme dejado ser parte de tu vida, por compartirla conmigo. Hoy te vas tu y te llevarás una parte de mi contigo. Se que te podré ver en la cara de tu hijo así como en la de tu hermano... sobre todo en sus gestos, tan similares a los tuyos."
"Para ser honesto, no se que vendrá después. Siempre hemos sido sinceros entre nosotros y ahora no se en que creer. Nos enseñaron que irías a un mejor lugar  y deseo que así sea. Si ese lugar existe y tienes la oportunidad, no te olvides de esperarme en el otro lado. No puedo pensar en alguien mejor con quien  recorrer ese camino."
Pepe se calló, su amigo y hermano hacía caras de dolor.  Que desesperación no saber que decir ni que creer. Recordando a su amigo, tomo aire y continuó:
"Conociéndote, si me oyeras, te estarías muriéndote de la risa, por la cantidad de tonterías que estoy diciendo y seguramente te burlarías de mi. Eso, sin lugar a dudas, es lo que más extrañaré. La alegría con la que viviste. Espérame hermano, que yo también me entreno para morir."
*****

Autor: Anita Babii. Puntuación 19.7
Título: De Rome y Juliet
Se entrenaban para estar muertos, ni la muerte debía separarles, durante meses urdieron el plan perfecto para encontrarse en el mas allá una vez les llegara su hora. El juraba que moría con ella, Ella juraba que moriría con él. Juntos viajarían al paraíso y allí su amor sería para siempre.
El reloj de cuerda martilleaba los segundos en sus cabezas, tic, tac… Ella le besó a él, él le besó a Ella, unas lágrimas perezosas surcaban por sus mejillas.
El ambiente denso, el olor intenso, dos cuerpos desnudos abrazados con fuerza, una sola existencia, un solo amor.
Por sus cabezas recuerdos, ideas, alegrías y temores se mezclaban. Cuan lejos quedaban ya esos tiempos en que sus familias, juradas de odio eterno, se mataban entre ellos por controlar un barrio de la ciudad. Cuan lejos quedaban ya las amenazas y castigos de sus padres por cometer el pecado de enamorarse uno del otro.
Aquel era el único amor prohibido de sus vidas y aquel fue el amor que ambos eligieron.
El calor era sofocante, apenas ya se podía respirar, sus cuerpos se debilitaban, sus mentes se adormecían, el viaje había comenzado, no había marcha atrás.
Tras la espalda de Ella, El abrió el zippo, con el pulgar húmedo y tembloroso accionó la ruedecita, la piedra cilíndrica encajada en aquel hueco y agobiada por el molesto muelle que le apretaba contra la rueda cumplió su misión. De repente un gran estallido que nunca acabaron de escuchar. Silencio, paz, dos luces subían al cielo, dos almas enamoradas en su viaje hacia el amor eterno. Adiós mundo cruel, adiós gente demente, nunca nos quisisteis entender y nunca lo habríais hecho. Que os den.
*****

domingo, 20 de mayo de 2012

SEMANA 1 I Concurso LSD de microrelatos.





En esta página se irán publicando los relatos semanales del concurso Leyendo sueños Diotima.

Cada miercoles a las 23:00 horas, presentaremos los relatos recibidos en la semana y se darán en directo las puntuaciones del jurado. Después seran publicados en este blog por orden de puntuación siendo el primero el más votado.
Los relatos tenían como frase de inicio:

La lluvia era tan espesa, y tan persistente, que parecía ser lanzada con calderos sobre nuestras cabezas por cien manos a la vez.
                                                   Mar Shilova


RELATOS DE LA SEMANA 1

Autor: Kar Gabilondo. Puntuación 25.5
Título: La espera

La lluvia era tan espesa y tan persistente que parecía ser lanzada con calderos sobre nosotros por cien manos a la vez. El pelo empapado le cubría la cara, dándole un aspecto de niña desvalida que espera a su madre en el patio de la escuela; sola porque todos los padres han recogido a sus hijos ya; sola porque la maestra ha terminado hace tiempo su jornada; sola porque entonces se sentía  así, abandonada, de poca importancia para su madre, al igual que se siente ahora para su marido a quien espera hoy bajo el aguacero.

Cuando él aparece en su coche oscuro y brillante, y abre la puerta desde el interior, se escucha una excusa que pierde toda verosimilitud diluida en el gesto de desagrado al mojarse la tapicería de cuero. Día tras día es igual: el gesto torcido no desaparece en días soleados, siempre hay  algo que le molesta.

Hoy ella se ha cortado el pelo, tan corto que nunca más le tape la cara sino que pueda sentir la frescura de la lluvia en su cara al cielo y en su boca abierta en una franca sonrisa. Entra al coche sin importarle la excusa estúpida por la tardanza, sin importarle  el gesto desagradable  por mojar la tapicería, sin importarle el reproche por su aspecto tras el corte de pelo. Sabe que algún día esperará en la parada de autobús sin sentirse abandonada. Esperará sin más, sin desesperarse. Y tomará ese autobús. 
***** 

Autor: Marc Gene. Puntuación 22.5 
Titulo: Asesino entre la lluvia

                                                                                                                                                                                             La lluvia era tan espesa, y tan persistente, que parecía ser lanzada con calderos sobre nuestras cabezas por cien manos a la vez. Entreabrió como pudo los ojos bajo el agua que mojaba su cara, apuntó y  disparó convencido de que alcanzaría el blanco. Así fue: este cayó pesadamente sobre el asfalto dejando al descubierto la mancha carmesí en la inmaculada camisa blanca, como si una flor abriera sus pétalos sobre la nieve. Se acercó, apartó con un puntapié la pistola del asesino sin darse cuenta de que el herido había sacado una navaja que clavó en cu vientre. Cayó sobre el cuerpo sin vida del asesino y antes de morir abrió la boca pero no llegó a pronunciar una sola palabra.

 ¡¡¡CORTEN!!!
Los especialistas echadores de agua por fin pudieron dejar los cubos en el suelo, El rodaje del día
había terminado.
 ***** 

Autor: Marieli Uriza. Puntuación 19
Título: El bosque
La lluvia era tan espesa, y tan persistente, que parecía ser lanzada con calderos sobre nuestras cabezas por cien manos a la vez y aun así seguimos caminando por la vereda de aquel arroyo  escuchando el sonido de la lluvia , nuestros pasos eran uno y no hacía falta  hablar.
El contacto de nuestra piel, hablaba por nosotros, con solo cruzar la mirada se iluminaba el cielo  y el latido de nuestros corazones cantaban al amor  con la dulce melodía de la lluvia de fondo.
Solo ese pequeño bosque era testigo mudo nuestro amor , un amor que no podía salir al mundo, esos pequeños instantes eran lo más preciado  y cada tarde buscábamos  el momento de adentrarnos en él  .
Dos vidas tan distintas , con caminos tan dispares  , pero aquella tarde algo ocurrió en la tienda de muebles, solo hubo una mirada y fue como si toda la vida hubiese estado allí esperándome
Desde ese momento ese pequeño bosque fue el guardian de nuestro tesoro  , nos acompañaba con su música   y nos esperaba cada tarde para disfrutar de nuestro AMOR
***** 

Autor: Purass Resident. Puntuación: Descalificado  
Título: La ruptura

La lluvia era tan espesa, y tan persistente, que parecía ser lanzada con calderos sobre nuestras cabezas por cien manos a la vez. Y a la lluvia siguió aquél trueno atronador, que hizo que pensase que el cielo se había resquebrajado y que iría a caer encima de mi frente convertido en fragmentos derretidos de plomo líquido. Y quedé sola, abandonada, oyendo como sus pasos se desvanecían sobre los charcos segun se alejaba de mi. Y caminé por mitad de la calzada, insensible a la lluvia, indiferente a los bocinazos de los autóviles. Y recordé a quellos versos de Vicente Aleixandre que siempre tanto me gustaron; y me los recité a mi misma mientras me despojaba de mi blusa para sentir el agua deslizarse entre mis pechos. El poema se llamaba El último amor, y narraba la historia de la pérdida definitiva del ser amado. Una pérdida en resignada quietud, en la dulce penumbra de la caída de la noche, en un ambiente sosegado y marchito, sin sollozos ni ruidos… Estaban de nuevo aquello versos en mi memoria,  como  corporeizada cada palabra en el interior de mis párpados: “Duerme si puedes. Duerme poquito a poco, deshaciéndote, desliéndote en la noche que poco a poco te anega. ¿No oyes? No, ya no oyes. El puro silencio eres tú, oh dormida, oh abandonada, oh solitaria.”
Y pasé frente a la cristalera de un cafe, y detrás de los cristales  varias personas me miraron estupefactas. Y yo les sonreí, porque comprendí de pronto,  que si no iniciaba aquella nueva andadura de mi vida con una sonrisa, no volvería a repetir  aquel gesto ya nunca más. 


*****

Autor: Purass Resident. Puntuación: Descalificado
Título: Repentina lluvia                                                       
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     
La lluvia era tan espesa y tan persistente qe parecía ser lanzada con calderos sobre nuestras cabezas por cien manos a la vez. Pero lo curioso era que había empezado de repente, como si una nube hubiese abierta una descomunal cremallera en su panza para dejar caer un diluvio universal sobre nosotros.
"Corramos a refugiarnos en casa ", gritó él, asiendome de la mano y tirando de mi con fuerza hacia la puerta de entrada.
En el pequeño porche, volví la vista al jardin. Charcos enormes se formaban sobre el cesped absorbiendo en su superficie todas las tinieblas de la noche.
"No podrás irte con esta tormenta" apuntó él con voz paternal. "La carretera es muy peligrosa".
Unos relámpagos rompieron  el aire esparciendo una luz cegadora en  en el aire. Los truenos fueron tan intensos que pareció temblequear el chalet sobre nosotros. "Vamos entra;  de verdad... Es una imprudencia que te vayas así. Tendrás que pasar aquí la noche ", agregó él, dulcificando aun más su voz.
Cuando me desperté le encontré  en la cama, dormido a mi lado, con una sonrisa de angel travieso colgada de los labios. Me asomé al balcón.  Hacía un sol espléndido. Sobre el jardin, a diez metros de altura, decenas de mangueras colgaban en el aire. Potentisismos focos estaban asentados en el suelo, y varios altavoces de descomunal tamaño pendian de los árboles. Llena de estupefaccion, volví la vista hacia la cama. Él permanecía ahora despierto, y su sonrisa se habia acentuado hasta crear un arco festivo en los labios.
"Te dije que trabajaba en el cine creando efectos especiales ¿no lo recuerdas? - dijo meloso, mientras extendía los brazos hacia mí.